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A mi me gusta mirar de cerca las cosas, apoyar la boca en las rodillas flexionadas y ver las vueltas que dan los cordones de mis zapatillas, ver los infinitos granitos de arena que alguna vez fueron piedras o montaña, ver la baldosa de mi misma vereda pero con cada una de sus grietas.
Ver, de verdad ver, lo que está allá abajo, sobre lo que me paro y con lo que, también, me tropiezo. Ver, para preveer, como con la semilla de un baobab.
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