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Los cinco minutos antes de salir al trabajo son mi mejor parte del día,
y me los llevo en los auriculares
en el infaltable comentario gorila del locutor
en la mugre de la estación
en el boleto defectuoso
en el cuerpo cansado del hombre que empieza el día cuando debería terminarlo
en el aburrimiento mundano de computadoras y biromes.
Y después lo mismo, pero al revés,
y tomamos la leche y jugamos a la play.
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