martes, 9 de noviembre de 2010


no me sale una palabra
ni una letra casi
una f
flota y quiere ser pero no
ahi se queda
sola como una efe

y aca estoy yo
aburrida y en silencio
queriendo decir
queriendo ser
queriendo decir lo que soy

una imagen vale mas que mil palabras
o que ninguna
porque no se me cae ninguna
y mejor lo que tiene para decir Robert
que ¨sos tan bella como para los ojos que te estan mirando".

viernes, 29 de octubre de 2010

La Hora de los Pueblos

Mi papá es peronista y militante.
El me enseñó lo que sé en interminables charlas después de cenar donde lo acosaba a preguntas sobre el cura Mujica, la juventud, el Cordobazo y Eva (siempre Eva). Militante de la Juventud Peronista, mi papá, cuando tenía mi edad.

Crecí con Menem, de Alfonsín ni me acuerdo. Alguna Unidad Básica en plena Renovación, juguetes para los chicos y computadoras para mi escuela primaria (pública y hecha pelota), de eso sí me acuerdo.
La casa de mis abuelos poblada de retratos de Perón y Evita, siempre, hasta el día de hoy.

Neoliberalismo voraz, agarrado con dientes filosos a la voluntad militante e ideológica de este país, a cualquier cosa colectiva. Los que quedaron se volvieron a sus casas diezmados. Entre ellos, mi papá.

Fui a la plaza el 20 de diciembre cuando el país rugía el hartazgo de tanta traición. Lo vi a Néstor asumir el 25 de mayo, abrir la Esma y descolgar el cuadro, sonreí pero no tuve dimensión en ese momento de lo que podía significar, de lo que se venía. Mi papá estaba emocionado, debería haberlo sabido.

Yo soy militante, de Sabbatella, del pueblo, de la voz de los sin voz como decimos nosotros. A eso aspiramos en este tiempo maravillo de compromiso, militancia, distribución de la riqueza y nuestra querida Patria Grande que innegablemente llegaron de la mano de Néstor, de Cristina y una vez más, del peronismo.

Yo, humildemente, soy militante y peronista, como mi papá.

Acá estamos, Cristina. Daremos pelea.

jueves, 21 de octubre de 2010

No sos vos, no soy yo, sos vos, soy yo

- Hay algo que no me está gustando nada, dijo.

- ¿Qué?, le preguntó.

Y como si por un instante pudiera hablar con la mirada, olerle los miedos, vomitar los propios y llorar las broncas como lagrimas de sal y vinagre le dijo:

- Vos, mintiendo.

"Eramos unos niños"

Ese es el libro que empecé a leer.