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Tenía un alma para entregarte, lo juro.
Una inocencia tan real que ibas a contagiarte.
Una pintura naif en mi pared para ir a sentarnos con las piernas colgando de la luna y nadar en un cielo algodón de azúcar.
Iba a invitarte a rozar a contrapelo la piel de un durazno redondo
y a reírnos mojados en un néctar tan dulce y fresco,
como alguna vez fui yo.
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1 comentario:
...es delicioso, bello como la luna, dulce como el durazno que siempre estará en vos, madurar nunca debe robarnos los buenos momentos sino solo eso, permitirnos crecer. Cariños.
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